CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA  

Consagración

FOTO DEL DÍA DE LA CONSAGRACIÓN A LA VIRGEN

13 DE MAYO DE 2015

(DESPUÉS DE 33 DÍAS DE PREPARACIÓN)

 

MEDITACIONES PARA LA CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE  MARÍA

Para vivir plenamente la Consagración,  basadas en las reflexiones  de cuatro grandes santos que vivieron en plenitud la total Consagración a María,  como el mejor camino de santidad.


(Del libro "33 días hacia un glorioso amanecer",  del P. Michael E. Gaiteley)

SAN LUIS MARÍA GRIGÑON DE MONTFORT

(Es recomendable leer su "Tratado de la Verdadera devoción a la SantísimaVirgen")
A San Luis María que tenía un carácter fuerte,  heredado de su padre, el entregarse a María totalmente,  permitió que Ella se hiciera cargo de su vida según su voluntad,  que es la de Dios.  Y la Madre lo inflamó del amor divino,  convirtiendo  la inclinación de su ser hacia la ira y enojo, en un resplandeciente fuego santo.  Actuó con su Esposo,  el Espíritu Santo,  para llenar a Luis de pasión y celo por Cristo,  poniendo en él un ardor y celo misionero para llevar el amor de Dios manifestado en la fuerza salvadora de la Cruz,  no solo a sus hermanos de Bretaña,  sino que sus enseñanzas inspiradoras han ardido a lo largo de los siglos,  inflamando  en el  amor de Cristo y servicio apostólico a muchísimas personas,  entre ellos a  santos  y a  papas como San Juan Pablo II (el lema de su Pontificado "Totus tuu",  que significa soy todo tuyo,  referido a María,  lo había tomado de San Luis)
San Luis coloca su devoción a María directamente en el misterio de Jesucristo,  porque en el Bautismo somos transformados en los miembros de Cristo,  somos hechos otros " Cristo".
El Bautismo tiene que ver  con el Espíritu Santo.  Fue el Espíritu Santo quien primero formó a Cristo y es el que sigue formando otros "Cristos"  por el Bautismo.
El Espíritu Santo se vale para formar a Cristo de María.  En la Anunciación,  con el sí de la Madre que condujo al nacimiento de Jesucristo,  nuestro Salvador.   Y se valió de María justo antes de Pentecostés, que condujo al nacimiento del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.  Y se vale de Maria,  en cada bautismo que da  a luz a otros "Cristos",  los miembros de su  Cuerpo.  El Espíritu Santo siempre se vale de María para dar luz a Cristo.  Y en  cuanto encuentra un alma unida a María,  "tanto más deseoso y decidido se muestra a producir a Jesucristo en esa alma,  y a esa alma en Jesucristo"
Por eso San Luis María nos invita a renovar nuestras promesas bautismales dentro del contexto de una entrega a María. El Bautismo es una realidad hecha pero no finalizada,  nos incorpora a Cristo pero sin que estemos totalmente formados en Cristo,  hay mucho trabajo por hacer.  Tenemos que crecer en Cristo,  y es el trabajo de María supervisar y cultivar ese crecimiento,  con el Espíritu Santo.
Y la meta de María es conducirnos a Cristo y llevarnos hasta el punto que podamos decir como San Pablo: "ahora no vivo yo,  es Cristo quien vive en mí".
Al entregarnos totalmente a María en la Consagración total a su Corazón Inmaculado,  experimentaremos la Consagración como un increíble regalo.  Cuanto más nos entreguemos de corazón a Ella,  experimentaremos la grandeza de este regalo.  Nosotros damos..  y Ella nos da mucho más.  Le damos nuestras pobres naturalezas y la Madre a cambio nos ofrece su Inmaculado Corazón.  Le damos nuestros exiguos méritos y no sólo los aumenta y  purifica con su amor perfecto,  sino que nos da sus méritos y gracias, infinitamente más grandes.
Nos vaciamos al haberle ofrecido todo,  y la Virgen nos llena del Espíritu de Dios.  Cuida a nuestros familiares,   amigos y  seres queridos en nuestro nombre,  mejor que lo que nosotros podamos hacer.  Anticipa nuestras necesidades y pone en orden cada detalle de nuestra vida para la mayor gloria de Dios.  Con Ella el camino hacia la santidad es un camino de "rosas  y miel" en comparación con llevarlo sin estar consagrado a la Madre.  Incluso convierte nuestras cruces y sufrimientos en algo dulce. Y nos protege de la tentación y ataque del diablo.
Pertenecer a María es la vía más rápida y segura hacia Jesús. Si nos diéramos cuenta de este gran regalo que se nos ofrece, no dejaríamos de sonreir y alabar a Dios por habérnoslo concedido.

SAN MAXIMILIANO KOLBE

San Maximiliano también nos invita a reflexionar en profundidad sobre la relación entre María y el Espíritu Santo.  Nos dice que el Espíritu Santo se deleita en trabajar siempre en y a través de María con el fin de salvar a las demás criaturas hechas a imagen de Dios,   primero obrando la Encarnación en su vientre virginal y luego para a través de Ella,  formar la imagen de su Hijo en todos los bautizados.
Nuestro santo nos dice que la mejor manera de dar gloria a Dios es unirse a la criatura que más perfectamente glorifica a Dios,  María Inmaculada.  Y también que el modo de dar a Nuestro Señor mayor gloria no es haciéndolo una sola persona,  sino  una milicia de personas.
San Maximiliano que ve como meta la conversión de todo el mundo,  nos dice que esa conversión empieza por uno mismo.  Debemos primero ofrecernos por completo a la Inmaculada como su posesión y propiedad suya y permanecer en unión con Ella, totalmente dependientes de Ella. Luego debemos inspirar a otros a ofrecerse también a la Virgen,  a fin de que la Madre nos utilice a todos como instrumentos consagrados para llevar el Corazón Misericordioso de Jesús.
Y nos dice cómo debemos amar a la Virgen.  Dependiendo de su poderosa intercesión, sintiendo su atención tierna,  hablándole con el corazón,  permitiéndole que nos guíe,  recurriendo a Ella para todo y confiando completamente en Ella,  porque la Madre triunfará en todo.  Nos dice también que no nos aflijamos si no sentimos el amor que deberíamos sentir hacia nuestra Madre.   Si queremos amarla,  ésta es una señal segura de que ya estamos amando;  se trata de un amor que procede de la voluntad,  independientemente del sentimiento exterior que es fruto de la gracia.  Y la Madre nos ama a cada uno de nosotros,  a todos,  sin excepción alguna,  porque somos sus hijos.

BEATA TERESA DE CALCUTA

Tres palabras resumen lo que  nos trae la Madre Teresa con su pensamiento y vida:   sed,  corazón y alianza.
Sed.-  Nuestra Señora fue la primera que escuchó el clamor de Jesús "Tengo sed" junto a San Juan,  y seguramente María Magdalena también.
Como la Virgen estuvo al pie del Calvario, conoce cómo de profundo es el anhelo de Jesús por nosotros y por todos los que sufren.  Pidámosle que nos lo enseñe,  nos dice la Madre Teresa.  Nuestro papel es ponernos cara a cara,  como Juan y Magdalena,  con el amor en el corazón de Jesús crucificado.   La Madre Teresa nos dice en nombre de la Virgen María,  que escuchemos la sed de Jesús.  Tratemos de estar lo más cerca del Corazón de Jesús que puede el corazón humano,  e intentemos entender todo lo posible el terrible sufrimiento de Jesús que le causan nuestros pecados y su sed de amor.
La Virgen entendió plenamente la sed de amor de Jesús,  y tuvo que responder así:  "Sacio tu sed con mi amor y el sufrimiento de mi corazón".   Pidamos a Nuestra Señora que nos ayude a comprender.
Corazón.- Una clave para la comprensión de la Madre Teresa acerca de la Consagración,  es el Inmaculado Corazón de María  y nos recuerda la importancia de imitar el corazón contemplativo de María.
La Madre Teresa desarrolló una actitud de gratitud al seguir el ejemplo de María, que siempre meditaba en su interior todas las cosas que el Señor iba haciendo en su vida. (Lucas 2:19, 51)  Y la práctica que ayudaba mucho a la Madre Teresa era el examen de conciencia al finalizar cada día  meditando en su interior todas las cosas buenas que Dios había hecho por ella en ese día,  y reflexionaba sobre cómo había respondido,  o no,  a su amor.
En una  oración  "Préstame tu corazón",   le pide la Madre Teresa a la Virgen que le dé el amor de su Corazón,  que la ayude a amar con el amor perfecto de su Inmaculado Corazón.  El afán de la Madre Teresa era saciar la sed de amor que Jesús tiene, y hacerlo de la mejor manera posible.  ¿Qué mejor manera que hacerlo con el Corazón inmaculado y perfecto de María?
En otra oración le pide a la Virgen: " Llévame en tu purísimo Corazón.  Llévame para que pueda agradar a Jesús a través de ti, en ti y contigo".  Esta es la parte más profunda de la Consagración de la Madre Teresa a María.  No solo pide que el Corazón de María viva dentro de ella,  sino que pide también vivir en el Corazón de María.  Para amar a Jesús a través de María,  en María y con María.  Para entender esto se necesita una unión profunda con María.
Alianza.- Y llevada por el ardiente deseo de vivir con María en la más íntima unión posible en esta vida,  para alcanzar la unión con su Hijo con más seguridad y plenitud,  la Madre Teresa hace su alianza con María,   prometiendo vivir el espíritu y lo términos fijados en dicha Alianza de Consagración,  lo más fiel y generosamente que pueda.

SAN JUAN PABLO II

Tres palabras resumen el espíritu de nuestro querido y recordado Papa:  Madre,  Entrega-ción,  y Misericordia.
Madre.- La enseñanza de San Juan Pablo sobre la consagración mariana no sólo lleva consigo la autoridad papal sino el peso autoritativo de un Concilio Ecuménico,  la enseñanza del Concilio Vaticano II sobre María.
Por ello su enseñanza realmente constituye la mente y el corazón de la Iglesia actual y hay que prestarle especial atención.
Nos señala la mediación maternal de María.  Dice que Ella es nuestra madre en el orden de la gracia,  y proclama la Buena  Nueva de que Dios nos ha regalado una madre espiritual que,  piadosa,  atiende tiernamente nuestro crecimiento en gracia y santidad.  Esta maternidad de María en la vida de la Iglesia,  en la vida de cada uno de nosotros, es el ambiente permanente,  reconfortante y hermoso que envuelve la consagración mariana,  lo que el Papa llama la "entrega"
Entrega-ción.- Viendo a María al pie de la Cruz junto a su querido discípulo Juan,  Jesús le dijo:  "Mujer  ahí tienes a tu hijo",  y luego a  Juan: "Ahí tienes a tu Madre". (Jn 19).  María nos es dada como madre espiritual. Y luego se nos dice "Y desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa".
Aquí está lo esencial de nuestra respuesta a Jesús que nos encomienda a María como madre: nosotros debemos entregarnos a Ella recibiéndola en "nuestras casas".  Esto quiere decir recibirla en nuestra vida interior,  en todo lo que nos importa. Que entre en nuestras alegrías y penas,  esperanzas y miedos,  planes y actividades.
Cuando dejamos entrar a María en nuestras vidas,  cuando nos encomendamos a su cuidado,  Ella intercede por nosotros,  nos consuela y nos da valor y fortaleza para unirnos aún más a la propia consagración de Jesús para la vida del mundo.  Ella nos lleva a la Cruz de Jesús,  la cual es el sentido último de la auto-consagración de Jesús, y nos inspira a dedicarnos a la salvación del mundo,  para aceptar nuestra parte en la obra de la redención.  Al cargar nuestra cruz,  viviendo insertos en la consagración misma de Cristo,  es posible que lleguemos a sentirnos espiritualmente sedientos, desolados y cansados.  Allí es cuando María nos lleva al costado traspasado de Cristo, a la Fuente de Misericordia,  donde encontramos un manantial incesante de fuerza y santidad.
Así según San Juan Pablo,  la confiada entrega a María conduce nuestra consagración a Cristo,  es un movimiento de entrega-ción.
Misericordia.- La consagración mariana nos conduce a la Divina Misericordia.  Los actos de consagración al Inmaculado Corazón de María conducen a los actos de confianza en el Corazón Misericordioso de Jesús.  Vemos esto en Fátima y el Papa Juan Pablo II,  de forma especial en su homilía en la peregrinación a Fátima en 1982,  una peregrinación de agradecimiento a la misericordia de Dios y a la protección de la Madre de Cristo,  por haberle salvado la vida. En esa homilía,  San Juan Pablo repetidamente indica cómo la consagración mariana conduce al Corazón traspasado de Jesús,  a la Fuente de Misericordia.
Esta conexión es voluntad de Jesús mismo,  quien dijo a Sor Lucía en 1936 que deseaba la consagración al Corazón de María "porque quiero que toda mi Iglesia reconozca esa consagración como un triunfo  del Inmaculado Corazón de María,  para extender su culto más tarde y poner la devoción a este Inmaculado Corazón junto a la devoción a Mi Divino Corazón".  
Jesús quiere extender la veneración y devoción al Inmaculado Corazón de María porque nos conduce más perfectamente a Él y nos ayuda a recibir la infinita misericordia de su Corazón.

 

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